RETOS DEL PROFESIONAL DE LA
EDUCACIÓN
Autora: Lilian Arellano Rodríguez
El reto del educador –pedagogo,
esto es, profesional de la educación, es no sólo saber ser sino enseñar a ser;
ser capaz de crear situaciones que ayuden al educando a descubrirse y entender
la historia de su vida; sin invadir su intimidad. Entonces vuelve a surgir el cine como un
aporte a la enseñanza del saber ser, esto es, del saber existir y surge el
educador – maestro, enseñador – formador, donde la enseñanza tiene una
finalidad educativa y no meramente instructiva.
En-señar es señalar el interior de
las cosas, señalar la intimidad de los seres personales, señalar lo
transobjetivo (que trasciende la mirada objetivante o cosista), ir más allá de
los significados al sentido (el significado de la palabra “padre” todos lo
conocemos pero en cada historia personal adquiere un sentido distinto).
¿Cómo se conforma la existencia
de acuerdo al ser? ¿Qué “competencias”
hay que poner en juego?
Sensibilidad: Para no pasar por
sobre la dignidad del ser personal, para apreciar la belleza y perfección de la
naturaleza, para gozar la belleza del arte, para valorar el quehacer
indispensable del barredor de una plaza y la obra civil del ingeniero, para ser
agradecido de la existencia, para valorar al otro y a sí mismo, para respetar
los símbolos de los credos y sus misterios, para distinguir la pasión de la
ternura y saber las instancias de una y de otra…
Cordialidad: Para no ser un mero
usuario del Universo y reducir la existencia a un mundo de coas, productos y utilidades. Cordialidad para amar, cuidar, cobijar…
Autenticidad: Para distinguir
entre el verdadero ser y la apariencia; entre la superficialidad de la
espontaneidad o el “porque tengo ganas”, de la autenticidad que es amor, vocación
de ser.
Formación en valores: Para
distinguir lo honesto de lo deshonesto, el mérito del demérito, la osadía de la
valentía, el aparente bien del mal, el bien mayor del bien menor. Para ser justos, prudentes, fuertes, personas
de paz
…………..
Cuando hablamos de cordialidad,
generalmente nos imaginamos una persona amable, cortés, preocupada por
atender a quienes le rodean. Y ello es cierto, pero con la palabra
cordialidad hacemos referencia a algo mucho más profundo. “Cordialidad”,
palabra que deriva del latín “cordis”, corazón; alude a quien pone el corazón
en lo que hace; más bien dicho actúa desde el corazón, desde el alma. La persona cordial mira el mundo con amor: a
todos y todo; por lo mismo, crea vínculos, se compromete, se dedica, se encariña,
se apega, se hace responsable. Contrario
a la persona cordial, es el indiferente; aquel que pasa de largo, que no se
hace problema por nadie, no se encariña ni compromete. El indiferente no crea
vínculos, por lo tanto, no sufre ni se alegra con el acontecer de los demás; no
echa de menos, no valora, no se compromete, no asume. El indiferente mira pero no ve, pues es
insensible.
La persona sensible es cordial;
por oposición al insensible que es indiferente.
¿Indiferentes o cordiales? ¿Qué
tipo de persona somos? ¿Qué caracteriza al hombre actual: su cordialidad -
sensibilidad, o su indiferencia - insensibilidad? ¿De qué forma repercute este
actuar, en la vida propia y en la de los demás?
La persona sensible, cordial,
sabe de alegrías y tristezas, de echar de menos, de nostalgias, de
aproblemarse, de pertenencias: Se siente vinculado a quienes le rodean, los
objetos le pasan a ser familiares, los paisajes los siente suyos porque se
siente perteneciendo a ellos. El ser
sensible es un ser vinculado. , esto es, re-ligado, re-ligioso. Religado, religioso, del latín re-ligiere,
que significa estar doblemente ligado, recíprocamente ligado: Cuando detienes
tu caminar para mirar a tus amigos, tus animales, tu barrio, tu escuela, tu
país, tu… los acoges en tu alma y das
gracias por la existencia de ellos, porque sientes que dan sentido a tu propia
existencia…. Entonces, sientes que nada es casual, que la persona cayó allí –
precisamente, frente a ti, para que la ayudaras a levantarse y, de esa forma,
la ayuda que tú diste se volvió recíproca porque tu alma se enriqueció con la
vivencia y fuerzas del amor.
Así es, el amor nos re-liga: al
dar, nos enriquecemos.
Observación: Ustedes se
preguntarán porqué la palabra re-ligión la vinculamos al ámbito de la fe. La razón es que quien cree en Dios (llámele
Alá, Buda, etc), con mayor razón crea vínculos con Él con quien se da la
re-ligación fundamental: del Creador al creado.
El pedagogo debe ser un ser
cordial, para crear vínculos con sus alumnos, con su escuela, colegio o Liceo,
con su universidad, con su país, su barrio,
con la naturaleza… Su cordialidad
será el punto de partida del amor, pues
su intención primera no será usar y menos abusar.
Gabriela Mistral iniciaba su
decálogo de la Maestra con el primer mandamiento: AMA, si no amas mucho, no enseñes niños.
Ahora bien, dificulta el amar, la
inautenticidad y la hipocresía
Necesidad de existir desde
nuestro ser y de amar
Necesitamos re-flexionar, volver
sobre nosotros para:
1º Descubrir que somos personas:
vinimos a la vida como personas y ello implica el reto de existir como tales.
Como seres que poseen una dignidad que implica derechos pero también los mismos
deberes. No somos cosas que se pueden
adquirir, reciclar, canjear; no somos vegetales que tienen que esperar el agua
para vivir; pues podemos ir por ella; no somos animales que están determinados
por su ser biológico y el ambiente; pues podemos modificar ese ambiente y crear
artificios que sobrepasen todo límite biológico y ambiental: microscopios,
telescopios, celulares, computadores, naves que surcan mares y espacios,
armamento…
2º Descubrir que siendo personas, como también lo son otros,
somos personas únicas: cada uno es uno; somos una personalidad, un personaje;
pues no ha habido, no hay ni habrá otro como cada uno lo es. Somos, por lo mismo, irreemplazables: en nuestro ser, sentir, hacer; además, somos
íntimos: Sólo cada uno puede sentir sus sentimientos, doler su dolor, pensar
sus pensamientos, decidir sus decisiones. Esto ratifica nuestra dignidad como
personas “una”.
3º Descubrir que la capacidad de
ser conscientes de nuestro ser, nos hace responsables de la existencia que
vamos realizando y que, según nuestras decisiones, esa existencia puede ser más
o menos impersonal; más o menos alejada de nuestro ser esencial (Llamamos ser
esencial al verdadero ser que somos). Necesitamos existir en forma auténtica,
ser leales con nosotros, descubrirnos y amarnos, sólo así estaremos en
condiciones de descubrir y amar a otros seres que requerirán de nuestra ayuda para encontrar el camino hacia
sí mismos y, desde él, existir, amarse y amar.
Hipocresía e Inautenticidad
La insensibilidad y la indiferencia llevan
a la hipocresía y a la inautenticidad
1. El hipócrita: El hipócrita es una persona no
sincera; es insincero, es quien, conscientemente, disimula, encubre, sus
verdaderos afectos, pensamientos, quereres, envidias; para lo cual,
intencionalmente, elabora una fachada exterior que ocultará su verdadera
intimidad. El hipócrita o insincero, es
alguien que aparenta amar, aparenta estar arrepentido, aparenta lealtad, cuando
sus sentimientos son los opuestos: no ama, no se arrepiente, es desleal. El hipócrita sabe muy bien lo que anhela,
quiere, piensa, pero miente a los demás, aparentando lo que no es: finge,
actúa.
2. El inauténtico: La
inautenticidad es una actitud que afecta
en una capa del ser más profunda que la que afecta al hipócrita su hipocresía:
El hipócrita no ama pero hace que sus ojos se llenen de lágrimas ante quien
finge amor para engañar y hacer creer que ama: su amor es falso y él lo sabe.
En la inautenticidad, la persona sinceramente se esfuerza por amar a quien
siente es un deber amar, se esfuerza por sentir amor…. Como sabe lo que es
amar: se obliga a pensar en la persona, ser cortés, preocuparse de satisfacer
sus deseos pero… no hay caso: su amor es inauténtico. No lograr que el amor hacia esa persona, que
encuentra un deber surja, lo haga desde su ser esencial, desde su intimidad.
Nuestra intimidad, nuestro ser
esencial se expresa en relación con lo y los demás: la naturaleza, las cosas,
las otras personas, Dios… Tenemos una
vivencia de nosotros mismos, de lo y los demás y ante ellos, es decir nuestra
intimidad, no sólo es, por así decirlo, un yo pleno de ideas, sentimientos,
emociones, anhelos, temores sino que se expresa… Esa expresión de la intimidad
se realiza a través de ciertas mímicas, gestos, tonalidades, ritmo, acercamientos,
distanciamientos que son visibles, se pueden ver. Así, a través de la expresión se revela, en
parte, la intimidad. Estando claro esto,
volvamos al tema de la inautenticidad.
En el caso del amor auténtico, vamos a poner
nombre a nuestro personaje, Luis desea amar a María; pero, a pesar de ello, no
logra –en lo más profundo de su ser (en su intimidad)- sentir ese amor. Intenta ayudarse procurando lo que se supone
es amar: pensamientos alegres al ver a quien tendría que amar, deseos de
besarla, sentir que hay una comunicación fluida y sobre proyectos comunes,
sentir interés por los proyectos de María, desear estar con ella y echarla de
menos; al mismo tiempo, rápidamente
desechar de su conciencia el aburrimiento que insiste en venir y el desagrado de
su olor… Pero todo eto es externo a su ser esencial, a su auténtica
intimidad. Todo lo que hace juan es un
intento de amar a quien realmente no ama pero que siente es un deber amar. El alma de Luis, respecto María, no es
generadora de amor; es impotente (no tiene la fuerza) frente a sus esfuerzos
por amarla.
En el caso del amor auténtico, el
alma es centro del amor y generadora de su expresión: es la intimidad misma
trascendiendo; es el ser esencial amando y besando… De ahí la expresión de sentimientos
profundos. Esta profundidad es la que
falta en el sentimiento del amor inauténtico; el ser esencial del cual
emanaría. El comportamiento inauténtico
pasa a ser vacío, puro formulismo, a pesar de la muchas veces buena intención
de la persona. En el caso del hipócrita,
también se da una actuación vacía, falsa, puro formulismo pero, a diferencia
del inauténtico, el hipócrita no intenta que el sentimiento, interés o estado
de ánimo emerja real sino que pretende
fingir para engañar: no tiene el más mínimo interés de amar sino sólo fingir.
La inautenticidad se puede dar en
distintos aspectos: sentimientos, como ya vimos; pero también a nivel de
voluntad, de ideas. Hablamos de
inautenticidad de la voluntad para
referirnos a quien hace todo lo posible por convencerse que se ha decidido por
una meta, vocación, proyecto de vida, con toda su alma, lo que implica la
realización de su ser y, en verdad, no es así, aunque lo quisiera. En nuestro ejemplo, Luis anuncia la voluntad
de proyectar una familia y vida completa junto a María… Pero, en verdad, lo que
hace Luis es auto engañarse, pues su voluntad no tiene la fuerza del ser sino
lo que le dice la razón que debe ser. Es
lo que pasa muchas veces, cuando la persona decide estudiar algo para lo cual
no tiene auténtica vocación. Entonces, para aminorar la frustración, intenta
sentir que es lo suyo, que tiene real interés, que se siente realizado, que su
decisión responde a una auténtica voluntad que realmente no existe. Al no ser
auténtica esta voluntad, la persona debe luchar constantemente por
quitar de la conciencia su auténtica voluntad y el desencanto. Contrariamente, cuando la voluntad es
auténtica y surge un obstáculo, la voluntad se fortalece: amas a alguien;
deciden formar una familia; surge un obstáculo: una enfermedad, una catástrofe
que echa por tierra la casa construida; la fuerza de la voluntad se engrandece
ante los obstáculos. Ejemplo de ello,
pudimos ver en el caso de la estudiante de medicina que sufrió un accidente que
le amputó sus cuatro extremidades. Su
voluntad por ser médico, le hizo aprender el manejo de sus prótesis de manos y
piernas, con tal rapidez y en contra de todo pronóstico médico, que terminó sus
estudios sin mayor demora para ejercer con excelencia profesional.
La autenticidad y la
inautenticidad en el ámbito de las ideas, puede darse en distintos momentos:
1) Cuando el conocimiento o ideas
no tienen su origen en un problema auténticamente vivido como tal. Todo conocimiento, toda afirmación o juicio,
surge como respuesta a un problema. La
inautenticidad se puede ya dar en este paso: La persona no siente relevante la
problemática que estudia o nunca se ha hecho problema; por lo cual se limita a
memorizar ideas que, para otros pueden haber significado una vida de
dedicación, angustia, vocación investigativa.
Este es uno de los mayores problemas pedagógicos: el alumnos se
encuentra estudiando pensamientos que le parecen irrelevantes porque no
aparecen como respuestas a interrogantes que él se haya hecho.
2) La idea misma no es auténtica,
aunque la lógica y los hechos le demuestren que es correcta, verdadera. Es la diferencia entre persona instruida,
erudita que ha memorizado una serie de datos, fórmulas, pero que no las asume
como principios de vida, como convicciones
En este ámbito, tenemos que una persona puede pensar y decir de una
forma; pero actuar de otra, debido a la inautenticidad de su pensamiento que no
enraíza en su ser. El pensamiento
auténtico expresa el ser personal. Esto
es válido para todo pensamiento; pero, por sobre todo, para aquellos que dicen
relación con los valores. Gran es la
diferencia entre quien es un mero repetidor de frases memorizadas sobre la
justicia y quien las expresa con fuerza viva, desde lo más íntimo de su ser;
porque es justo, porque vive de acuerdo con ideas que asume como verdades. En el caso de la mentira o hipocresía; la
idea expresada como propia no lo es, porque es otra que se oculta. En el caso de la inautenticidad, falta
convicción sobre lo dicho. Esta
inautenticidad, sumada a la hipocresía del pensamiento, da lugar a la demagogia;
donde abundan las palabras pero el ser esencial no es fuente de las mismas; con
las consiguientes inconsecuencias en el actuar, la falta de compromiso y de
responsabilidad.
No debemos confundir el caso de
la inautenticidad con la incapacidad para expresar la intimidad; pues se trata
de personas que tienen problemas con la comunicación de sus auténticas
vivencias.
Raíces de la inautenticidad
1) Deseo de adaptarse a lo que se
espera de nosotros, a la tendencia social.
Nos llevan a un museo y, sin más, nos colocan ante una obra de arte
famosa: como se espera que emitamos expresiones de admiración, lo hacemos; a
pesar de no averiguar qué es lo admirable.
Igual, en otros ámbitos, donde la necesidad de ser incluido, incentiva
el populismo inauténtico. Es fácil ver
cómo los adultos incentivan a los niños a una evidente aceptación de modales
que pasan a ser repetidos en forma inauténtica, por cuanto no se enseña a
entender, antes, la gratitud sino que se exige decir gracias.
2) Tendencia a la notoriedad Mientras
el ser auténtico ofrece una personalidad íntegra, consecuente, que emerge desde
su ser esencial; muchos, inauténticamente, elaboran una personalidad - máscara que es sólo exterioridad que
satisface lo snob, atractivo,
destacador.
3) Idea fija de rendimiento: La
necesidad de éxito entendido como eficacia, posición social, económica,
reconocimiento o, inclusive, responder sólo a las necesidades de los demás, a
costa de olvidarse de sí mismos. Es la
transformación del hombre como una especie de bestias de carga sujetas al arnés
de sus obligaciones frente al mundo. “El
verdadero ser estaría reducido a una vida lánguida, insinuándose apenas como un
fantasma. A pesar de los adelantos
materiales, de lo que sabe y de lo que puede, el hombre que corresponde a esta
imagen permanece en la infancia.
Exteriormente adulto, pero interiormente inmaduro, lleno de ilusiones,
carente de dominio sobre sí mismo, mal defendido contra las fuerzas del
destino, termina por fracasar en la vida porque ha fallado frente a sí mismo.”
(Ob. Cit de K.G. Durckheim, pág. 36)
La persona debe ser eficiente,
debe responder al mundo, a sus obligaciones pero desde su ser. “No es el
principio de eficiencia el que corrompe al hombre sino el hombre quien corrompe
al principio”. La eficiencia es
auténtica cuando el actuar, la obra o servicio es, al mismo tiempo, resplandor
del propio ser: vocación de ser.
4) Personalidades histéricas que
quieren aparentar ser quienes no son; pues necesitan suscitar admiración a toda costa. Estas personalidades sólo son máscara,
exterioridad. No tienen pensamientos, metas ni valores propios de su ser que
yace sepultado por la constante representación de quien no se es. Ricos en apariencias; son nada en esencia. Inquietud, hastío, inestabilidad, búsqueda de
sensaciones, inconstancia; caracterizan estas existencias vacías de intimidad;
donde lo único real es la falsedad o vacío.
En todos estos casos de
inautenticidad, hay un ser ahogado, olvidado, oculto tras lo que no es. Sentimientos de angustia, culpabilidad,
soledad, sensación de no poder retomar el verdadero camino; surgen
auténticamente desde el ser de estas personas que muchas veces son envidiadas
por su aparente éxito; pues presentan fachadas perfectas, admirables,
aplaudidas. Educar la sensibilidad
implica ayudar al encuentro del hombre consigo mismo; sin ese encuentro, no hay
educación auténtica posible.
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