REFLEXIONS PARA UN DIRIGENTE.
Luis H. López González
Presidente Club de Deportes U.C.V.
Cursos deportivos de verano, enero-febrero 1963.
“La
prudencia es sin duda una virtud: Pero no es virtud ni es cristiana, si el
cristiano hace de ella una cómoda pantalla para su tibieza y aspereza.
Los
cristianos cautelosos son indudablemente cautelosos, pero no cristianos”.
(Sciacca: La iglesia y la
civilización moderna)
...Ser dirigente se
refiere a un quehacer con hombres y cosas y es por eso que buscamos la línea
que dé sentido al acontecer y nos permita cierta previsión del futuro.
Tal vez alguien se asombre al oir de
una Filosofía del Dirigente y más aún del dirigente deportivo, trayendo el
nombre de tan elevada ciencia a un campo considerado a veces de dudosa
intelectualidad...
Acaso ello no sea tan extraño, si
tan noble palabra se extiende desde las sinuosas curvas de las caderas de
Sofía, en las que algo de ello hay ciertamente, hasta la dignidad misma de los
principios más generales, pues una filosofía es a la vez que la contemplación
de leyes universalísimas, un quehacer concreto del hombre con los hombres y las
cosas.
Al hablar de filosofía de algo o
alguien, podemos entender un conjunto de principios con que se instituye y
orienta una actividad y las normas de realización misma en lo concreto.
Pues por filosofía se ha entendido
una ciencia a la vez que cierta actitud de vida, la del hombre sereno que
contempla.
Es el hombre que en lugar de moverse
entre las cosas se pone fuera de ellas, se “extraña” y las contempla frente a
él. Ya las cosas no son poderes ocultos, favorables o no, sino simplemente
cosas con sus propiedades y dentro de un cierto orden de relaciones
determinable.
Y el dirigente es un hombre que
tiene que ponerse fuera de las cosas a contemplar su acontecer para descubrir
la línea en que entender y actuar: ciencia-vida.
En concreto busca conocer las formas
fundamentales de la convivencia, de la colaboración de los hombres, tratando de
entenderlas en sus principios y llevarlas a la concreción por leyes en que se
pongan en juego los motivos y las fuerzas en vista de una acción esperada.
No es el mecanismo de una ley
física, pues aquí se trata de la acción libre del hombre, en cuanto es
importante para una colectividad.
Y así, se da una Filosofía del
Dirigente.
...Reflexiones para
un dirigente.
El que toma a su cargo una
Institución para llevarla a la realización de sus objetivos, es el
dirigente. Él ve por sí mismo qué es lo
que tiene, sobre qué puede actuar y qué puede añadir al patrimonio común.
Trabajo y a veces posponer sus propias preocupaciones.
Sin duda que es un extraño y
solitario ser. Es el blanco preciso para la crítica. Curiosamente la gloria del
éxito le escabulle y se aloja en otros y la amargura de los fracasos enamoradamente
le busca a él, entre todos.
Es obedecido indudablemente, pero
siempre hay alguien que le enjuicia y le juzga sin más, o bien algún vago
promotor de ideas perfectamente irrealizables. Estos quedarán con el rostro
henchido de satisfacción y nada le valdrá al dirigente una declaración para
contrarrestar la crítica o explicar su rechazo a iniciativas pueriles.
Nadie cree en declaraciones y sólo
se aceptan a la manera de un ritual que cumplir sin mayor contenido.
Tendrá además, dulce ironía de las
cosas indiferentes, que distinguir a otros cuyo mérito a veces sólo estriba en
no haberle impedido realizar su tarea.
Por cierto que él es también a veces objeto de distinción;
pero tal distinción es de color azul, un “muchas gracias” que declara cumplido
ya su papel y con gran fineza y humor le sugiere abandone ya su función
directiva.
No se piense que la mirada anterior
sea algo pesimista: es sólo un hecho que todo dirigente debe conocer y
afrontar. Así lo que de ello
efectivamente suceda no lo tome por sorpresa y hasta le depare alguna sonrisa y
lo que de satisfacción por su labor le viniere, sea una doble alegría, una por
el mérito que le quepa y la otra por tratarse de un don gratuito por cuanto
inesperado.
La Institución.
La
institución es un grupo moral y estable de personas en vista de un objeto
común.
Toma sentido de este objeto,
constituyendo un mundo autónomo con sus propias exigencias, es decir, sus
propias normas ya que tiene finalidades específicas.
Esto puede no significar de por sí
que tal fin sea justificación de cualquier actividad que convenga a dicho fin,
pero es verdad que da sentido a los medios empleados, ya que lo son en vista de
un fin y hace a la vez que el ser buen miembro de la Institución no sea lo
mismo que el ser un hombre de bien, en el sentido común de esta valoración.
Naturalmente
que cierto cambio de perspectiva puede producirse al valorar una acción sea
respecto al bien moral general, respecto al hombre pura y simplemente, sea
respecto al bien propio de la Institución, o sea del hombre mismo de una
organización. Si la Institución es un hecho jurídico y dentro de lo aceptado,
cierta legalidad especial se desprende de ello, que puede justificar acciones
en vista de esta perspectiva que a otra luz podrían no ser aceptadas.
Naturalmente siempre que no afecte a
la moralidad intrínseca del medio adoptado.
Al decir que la Institución es un
grupo autónomo, una entidad específica con su propia órbita, no entendemos que
se dé una especie de alma común suprapersonal que modele en una nueva
naturaleza la personalidad delos miembros del grupo.
Hay diferencia entre la persona
misma y sus funciones en cuanto miembro del grupo.
Indudablemente es que el grupo
influye en la personalidad de sus integrantes, como lo es también el hecho que
estos van a interpretar su papel en la Institución de acuerdo a sus propias
características individuales.
Pues si quiero entender el mecanismo
de acción del grupo, tengo que tener presente lo anterior y evitar dos extremos
igualmente falsos, como suponer que el comportamiento de un grupo es mera
consecuencia de la personalidad del dirigente o que cada miembro es un ente sin
individuación dentro del grupo, ya que a la vez la acción del líder es
compartida y los miembros son personas capaces de discernimiento y acción
libre.
No
hablamos aquí de Sociedades perfectas, que lo son plenamente y por sí mismas,
ya que de su propia razón disponen todos los medios para lograr sus fines, sin
que ellos le vengan de fuera. Tal es el caso de la Iglesia y del Estado.
Hablamos de Instituciones que
obtienen su legalidad de existencia de una sociedad perfecta.
Dos
clases, en lo general, podemos distinguir:
-Instituciones
que lo son en sí mismas
-Instituciones
que forman parte de las anteriores, o sea no lo son por sí mismas......
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