LA VIOLENCIA ACTUAL
LILIAN ARELLANO RODRÍGUEZ
Eduardo
Nicol, en su libro “El Porvenir de la Filosofía”, (México, Ed. Fondo de Cultura
Económica,1.985) dedica varios capítulos al tema de la violencia.
Lo hace de una forma distinta a lo que habitualmente encontramos en los
diferentes análisis psicológicos o sociales de la misma. No se trata de
una visión opuesta, sino de una mirada que nos lleva a estratos humanos
más profundos; pues, preocupado por el destino de la filosofía, más bien dicho,
por la agonía del pensar, se preguntaba si este constante negarse a la
auténtica reflexión, tiene alguna relación con la violencia que, ya en esas
décadas, invadía los diversos ámbitos de la vida. Y aquí destaco
una de sus primeras ideas; la que dice relación con la diferencia entre la
violencia actual y la anterior al siglo XX, específicamente a la Primera Guerra
Mundial. Antes, nos dirá, también existía la violencia; en todas
sus formas y grados de crueldad -guerras, opresión, codicia, esclavitud,
envidia y toda suerte de abusos- pero había una distancia importante entre ella
y nuestra intimidad: “La violencia podía, en caso extremo, quitarnos la
vida, pero no podía, antes de la muerte, privarnos de la vida
interior” (E. Nicol, op. cit., p. 50).
La
fuerza de esa distinción, genera en mí una serie de interrogantes… ¿Realmente
hoy la violencia es de tal índole que llega a privarnos de nuestra vida
interior? ¿De qué violencia estamos hablando, esto es, cuándo la violencia es
tal, que llega a manejar nuestras actitudes, valoraciones, ideas, decisiones,
sentimientos, emociones, opiniones, en fin, estilos de existencia? ¿Podemos hoy
elegir ser personas de paz y convivir en paz; sin ser por ello amenazados? ¿Por qué la violencia ha invadido también
las aulas? ¿Cómo educadores, cuál es nuestra responsabilidad ante la violencia
y cómo llevarla a cabo?
Antes
de la Primera Guerra Mundial, independientemente de los reiterados episodios de
violencia que siempre cometió el ser humano, había consenso en que estos
implicaban un quiebre al ideal de vida en paz. La violencia era lo anormal, lo insano, lo excepcional. “La aberración ha
consistido en eliminar de esa esencia la nota de excepcionalidad extrema,
convirtiendo a la violencia en algo que ya es inmediato, que ya se acepta como
normalidad, y a lo cual se puede recurrir sin necesidad de llegar a una
situación límite” ( E. Nicol Op. Cit. pág. 51) Hoy, son muchos quienes hacen de la vida
violenta un ideal. La violencia por la violencia, tiene un solo enemigo: la
existencia en paz, en respeto, en armonía. Para los violentistas, la violencia misma
es lo buscado; por ello no tienen un verdadero propósito por el cual luchar;
sólo pretextos para estar en permanente estado de guerra. “Todo se promueve y se
juzga en relación con la guerra: la religión, la ciencia, el arte, el deporte,
la filosofía y hasta la vida privada.” (E. Nicol Op. Cit. P. 52)
Estimados-as alumnos-as ¿Cuál es la magnitud
del problema que hoy les invito a enfrentar; cuál es su naturaleza, causa,
influencias y consecuencias? ¿Qué ocurre hoy en el interior familiar
y escolar? ¿Podemos asegurar que la mayoría de nosotros cuenta con un hogar y
con espacios que nos aseguren una sana convivencia y un ambiente de paz; o
debemos admitir que nos enfrentamos a una violencia constante, que penetra todo
tiempo y espacio; incluidas nuestras relaciones más íntimas? “¿No
habrá cambiado el tenor de la violencia y con esto la manera de ser del
hombre?” (E. Nicol, Op. cit., p. 49).
Para
bosquejar mejor la escenografía de la violencia, pongo a disposición de ustedes
un párrafo escrito por el filósofo y profesor universitario chileno
Eugenio Yáñez Rojas. En él, hace una breve pero dramática estadística de
las violencias que ya entonces –año 2004- nos afectaban:
“Si usted demora diez minutos en leer este prólogo, en ese lapso se habrán
producido en el mundo 15 suicidios (uno cada diez segundos), 4000abortos (400
por minuto) y 10 asesinatos. Morirán
poco más de 3000 personas (una cada diez segundos) víctimas del sida. Los
más de 41 conflictos bélicos que azotan al mundo habrán cobrado cientos de
inocentes víctimas. Otras
tantas morirán a causa del terrorismo. En estos diez minutos centenares de niños habrán muerto literalmente de
hambre o serán maltratados y/o abusados sexualmente. También gran cantidad de
mujeres (y algunos hombres) estarán siendo agredidas física y psicológicamente
por sus “parejas”. En Sudáfrica habrán violado a 40 mujeres. En
este breve lapso miles de personas están intentando escapar del tedio y vacío
existencial (quizá un hijo o hermano, un padre o un amigo) a través de la droga
y el alcohol o tal vez visitan algún especialista para superar su depresión,
angustia, crisis de pánico y tantos otros trastornos mentales. ¡Y podríamos
seguir! En suma, en estos diez minutos nos encontramos con demasiada muerte y
destrucción, con ríos de lágrimas, impotencia y desesperación” (Eugenio Yáñez
Rojas, Crisis y Esperanza, Santiago, Ed. RIL, 2004, p. 7).
Violencia
en el hogar, en la escuela, en el barrio, en los juegos, en el cine, en las
formas de diversión, en los programas de televisión, en el quehacer político y
religioso, en los spot publicitarios, en los personajes de farándula que
gracias a ello se hacen famosos, en las noticias, en el lenguaje empleado.
Violencia sin distingo de edades, nivel económico o “cultural”. La
pregunta que comprensivamente podemos hacernos es ¿Es posible que anhele la paz
quien no ha tenido la experiencia de ella? ¿No será ya demasiado tarde para
intentar construir una cultura de la convivencia en paz; no será la paz tan
sólo una palabra, vacía de sentido, cuyo significado sólo ocupa un espacio
en el diccionario o en algún discurso no escuchado? ¿No será esta asignatura
sólo una forma de aprobar una exigencia para luego olvidarse de ella como algo
que no implicó un real aporte a la formación profesional?
Pero el ser humano tiene entendimiento y
mientras no haya perdido su alma y caído en la desesperación más absoluta,
siempre podrá cultivar esperanzas. Por ahora, te propongo el siguiente
ejercicio: Mañana, en algún momento del día, detén tu camino y pregúntate qué
visión real tienes de ti, del mundo que estás construyendo y de aquel que te
rodea. ¿Estás haciendo de ti, quien tú esperabas ser? ¿Estas siendo realmente
tú o has creado una imagen para ser aceptado; una imagen populista o
acomodaticia, conveniente y a lo mejor elogiable; pero lejana a tu verdadero
ser? ¿Estas forjando la mujer o varón que realmente eres; o, has
practicado una primera violencia contra tu propia identidad? Luego,
con estas reflexiones y cumpliendo con tu diaria rutina, mira el mundo que
te rodea… Mira dispuesto a ver… Hoy tal vez tu mirada se detenga en una de las
más comunes escenas: la de un perro hambriento, enfermo, buscando comida cerca
de tachos de basura, abandonado por su amo; o tal vez, tu mirada se encuentre
con la de un adolescente drogadicto pidiendo dinero o vendiendo algo que
probablemente ha robado... También puede ser que des vuelta la cabeza para
mirar de quién proceden esos gritos de mujer, que amenazan con rabia a un niño
de aproximadamente 9 años que mira el vacío para luego alzar la voz y responder
del mismo modo... Entonces has la siguiente pregunta que será clave para
confirmar o no tu vocación educativa ¿Serás un mero observador del mundo
violento, de tal modo que no sólo rápidamente quitarás la mirada sino que desviarás
tus pensamientos para no hacerse cargo de tanta ausencia de amor? ¿O acaso
decidirás también actuar violentamente y observarás para aprender a ser
más hábil aún y así prepararte para ser un astuto ganador? ¿O, por el
contrario, aprenderás para intervenir en el mundo educativamente y ser el
profesor o profesora de ciencias, artes, idiomas, educación física,
básica,educación parvularia o educación diferencial q,ue con paciencia y amor,
enseñará, sin dudar y con convicción, la forma de construir la cultura de la
paz?
Ya no eres niño; ya no eres adolescente;
ya debes responder del ser que elegirás realizar y enseñar; ya puedes darte
cuenta del valor de tus decisiones y de sus consecuencias. También te das
cuenta que construir caminos educativos no es una tarea simple, ni llena de
aplausos, reconocimientos y facilidades. Educar y educar en la paz, en medio de
un mundo violento, implica trazar
caminos sobre suelos áridos,endurecidos; muchas veces solitarios o no
comprendidos que requerirán de tu fortaleza y coraje para inspirar e instar a
perseverar: Ascender, ponerse de pie, caer, volver a levantarse, volver a caer,
levantarse y ascender... Perseverar… Insistir una y mil veces;y a pesar del
cansancio y obstáculos e incomprensión o inconveniencias.; lo que sí es seguro
es que serás feliz, porque serás leal contigo, con tu conciencia, con el amor
que sientes por lo que haces y porque descubrirás que precisamente ese es
el sentido de tu existencia; ese eres tú: EDUCADOR.. Sabes? Nada es
casual, menos aún si has optado por cumplir con tu vocación.
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